Por Juan Pablo Sánchez

Abriste tu cuenta de Facebook hace, pongamos, unos siete años. Ya entonces te pareció una idea fascinante, pudiste conectar con tus amigos del colegio —aunque poco después los abandonaras a su suerte dentro de tu red—, e incluso seguir en contacto con los colegas del Erasmus. Y no se queda ahí: más tarde abriste tu propio negocio, al que le hiciste su propia Fanpage y resultó que el gigante Facebook también te ayudó a conseguir dar a conocer tu producto, tal vez incluso a vender más.

Sigue leyendo >>